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Publicada el 15-04-2019
La criminalística, ¿asunto de mujeres?

Acá podrás conocer más la historia de nuestras estudiantes de Criminalística


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El criminalista debe ser el “cerebro” de toda investigación que busque conocer quién y cómo cometió un asesinato, decidir el momento en el que los peritos entran a la escena de crimen, relevar indicios, pedir peritajes y, sobre todo, saber atar cabos sueltos. Siete de cada diez estudiantes que quieren hoy en el país ser criminalistas son mujeres. Con un punto más o uno menos, las estadísticas de las universidades que dictan esta carrera tradicionalmente vinculada al varón en el país registran una indiscutible superioridad femenina en su matrícula.

“La mujer es más observadora, es más de buscar y retener el detalle. Con esto no quito mérito al hombre, pero la criminalística despierta mucha curiosidad y no es una carrera que sea puro tiros o sangre como se cree”, afirma Jorge Millet, coordinador académico de la licenciatura en Criminalística perteneciente a nuestra casa de estudios en la subsede Buenos Aires donde se dicta esa licenciatura desde 1990.

“Elegí esta carrera porque me gustan mucho las armas y querría ser perito armero; quizá por eso pensé que seríamos casi todos varones, pero me llevé una gran sorpresa cuando vi que somos los menos”, admite Federico Sanguine, de 22 años, incluido en el colectivo masculino que representa el 25% de los alumnos de criminalística en la Universidad Católica de Salta (UCASAL). De los sesenta inscriptos en 2018 en la Subsede Buenos Aires, cuarenta fueron mujeres, una relación que se mantiene en el total de alumnos de la disciplina. Lo mismo pasa en otra universidad tradicional, el Instituto Universitario de la Policía Federal Argentina, donde las mujeres son el 75% de los 207 matriculados en Criminalística para 2019.

Criminalista, perito en balística y calígrafo público nacional, Millet vio crecer la presencia femenina en sus aulas en el último quinquenio. ¿La razón? La difusión dada por las series policiales protagonizadas por mujeres. En ellas “quizá exageran un poco en el tipo de estudios que hacen y en la velocidad para resolver los casos, pero en esencia lo que se enseña acá es más o menos lo mismo que se ve hacer en las series”.

Pero no todo son las series. Clara Belén Boni, de 24 años, supo que quería ser criminalista cuando vio en su ciudad natal, Pergamino, la película “El coleccionista de huesos”. Quedó fascinada con el personaje que hacía Angelina Jolie y desde entonces prestaba atención especial a todo lo que se refiera muertes, el lugar donde hubiese ocurrido y las investigaciones posteriores. “En primer año un profe nos preguntó por qué elegimos esta carrera. Muchos decían que era por las series. Yo no miraba series y sabía que la realidad de la Argentina no es como la de EEUU. No vine con la vara alta y por eso no me desilusioné al conocer cómo es en el país”, dijo Clara.

Gerardo Agustin Pettigiani, profesor desde 1999 en la UCASAL de derecho procesal penal y derecho procesal civil, comercial y laboral, materias que se dan en segundo año de licenciatura de criminalística, considera que en esa disciplina pasa como en otros ámbitos, “la mujer está ganando mucho espacio y se está animando a algo que era propio de los hombres como ser criminalista, perito, policía u otros oficios”.

 

Otro cambio que para el profesor Pettigiani es significativo es la reducción en la edad de los aspirantes a criminalistas. Hace dos décadas los que llegaban tenían entre 25 y 30 años de edad. “Hoy vienen directamente desde el secundario”, señala y afirma que en el caso de la UCASAL pudo haber influido el cambio institucional que vivió esa universidad en 2005 cuando cesó un convenio que la vinculaba con la Gendarmería nacional.

Una de las chicas que en el secundario se decidió por criminalística, es Lucía Abril Flocco (20 años) quien por ello se mudó a la ciudad de Buenos Aires, a 300 kilómetros de su hogar familiar, en Chacabuco. “Como le debe haber pasado a muchos, en mi casa se veía CSI y pregunté a mi mamá qué hacían los criminalistas, ella me explicó y le dije que quería estudiar eso. Yo tenía 12 años. Después hablé con un médico legista muy reconocido y fui a autopsias para asegurarme que podría hacerlo”, comparte Lucía y agrega que para el futuro querría especializarse en medicina legal para “leer el cuerpo, porque da mucha información” y ayudar a “que la gente sepa bien lo que pasó y no les mientan en la cara”.

Cuando una joven opta por la criminalística por lo general se topa con la sorpresa de sus familiares y también con una gran confusión. “Todo el tiempo tenemos que aclarar que criminalística no es criminología. El criminalista estudia lo que pasó, donde y quienes participaron; el criminólogo estudia por qué sucedió, por qué el delincuente hizo tal cosa”, comenta Lucía.

“Piensan que vas a tocar y abrir cuerpos y lo primero que te preguntan si eso no nos da miedo, pero la criminalística ve esto desde otro lado y de otra forma. Es una carrera hermosa y, como abarca muchas disciplinas, te atraen muchas cosas: la documentología, la balística, la planimetría, la fotografía, la accidentología. Es el amor a saber todo”, explica Guadalupe Belén Alonso (22 años). Ella cursa el último año de la carrera a la que llegó después de haber hecho en su provincia, La Pampa, un año de Derecho. Su deseo era ayudar a la justicia, pero a poco de comenzar Abogacía se dio cuenta que no era eso lo que buscaba. “Dejé Derecho y me encontré con Criminalística, y la elegí, o ella me eligió a mí”, dice.

También atrae la fama argentina extramuros. Jajaira Yaguana, de 21 años, vino al país desde Ecuador para estudiar criminalística porque allá no se dicta como carrera de grado y sólo hay programas de postgrado. “Elegí la Argentina porque es uno de los países pioneros en criminalística con todo el avance de la dactiloscopía”, cuenta Jajaira quien cursa cuarto año y está contenta a pesar de que en el secundario detestaba la materia que en criminalística tienen todos los años: química.

Emilia Lima, de 22 años y estudiante de primer año llegó a criminalística después cursas dos años en la facultad de Ciencias Médicas. Es una de las que debe explicar a sus amigos en qué consiste la carrera que eligió. “No es muy conocida porque tampoco se estudia en muchos lugares”, cuenta.

“Uno lo hace por vocación, no es por un pensamiento feminista o un sentimiento de igualdad”, dice convencida Jessica, de 37 años, policía y alumna de criminalística. Cuando ella entró como efectivo policial también las mujeres eran pocas. “Antes de ser policía, cuando era adolescente, fui bombero voluntaria. Lo que impulsaba más que nada es la vocación de servicio y una cosa llevó a la otra. Además ser licenciada es también llevar justicia a los que no se pueden defender o que no pudieron defenderse en su momento”, agrega.

Fernando Mendoza (22) cursó dos años de criminalística en una universidad del conurbano y luego optó por la UCASAL. Confirma: “También allá las mujeres son muchas más que los hombres. Creo que ellas eligen esta carrera porque son más víctima de asesinato de lo que se ve en las noticias sobre femicidio. Las compañeras que tuve iban por ese lado”.

Franja UCASAL

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